"La historia moderna de México está basada en la revolución, y dicho movimiento
armado tuvo su chispa inicial en el Mineral de Cananea y, hablar de Cananea de hoy, ayer y
en todos los tiempos será referirnos a la figura controversial del Coronel William
Cornell Greene, quién con una visión extraordinaria logró sentar las bases de una
industria, que al paso de los años continúa tan firme entre los diversos puntales que
soportan la estructura del pueblo sonorense".
UN PASADO BORRASCOSO
William Cornell Greene fue
el segundo hijo de Townsend y Eleanor Cornell Greene, nació en Duck Creek, en el Estado
de Wisconsin. El matrimonio era de la secta cuáquera y llegaron a Wisconsin procedentes
del este de los EE.UU., en donde los Cornells y Greenes se suceden y aparecen en hechos y
situaciones históricas y en grandes empresas de interés colectivo.
Así por ejemplo vemos que
tales apellidos resaltan entre los héroes de la guerra civil, la fundación del Estado de
Rhode Island y la creación de la famosa "Western Union", y la Universidad
prestigiosa de Cornell. Cuando apenas contaba con escasos cinco años, el padre del
coronel Greene fue tomado sorpresivamente por una tormenta de nieve y su trineo se
desbocó provocándole inmediatamente su muerte.
La orfandad vino a
desintegrar a toda la familia y así encontramos que el pequeño William fue a parar a un
minúsculo poblado del Estado de Nueva York, con un tío que manejaba una escuela
cuáquera; y ahí se puede decir, que encontró su formación educativa en lo especial un
perfecto dominio del lenguaje, cuya facilidad después le valdría la admiración en el
pináculo de su poderío.
A los 17 años abandona el
ambiente familiar, y se va hasta la urbe en donde se emplea como dependiente en una casa
comercial de té, después se enfada por el encierro y decide lanzarse a la calle en busca
de otro sendero, habiéndose empleado durante meses en los rudos trabajos de construcción
del Puente de Brooklyn.
De Nueva York se enrola en
la compañía "The Norther Pacific", que ejecuta el ferrocarril a través de los
Estados de Montana y Dakota del Norte, y después se dedica a reclutar personal para el
Ferrocarril de Santa Fe, y en 1874 lo encontramos viviendo y explotando una granja en el
Estado de Texas. Tiempo después cambia su domicilio a Prescott, Arizona en donde se
dedicó al negocio del carbón, para después vivir en Tiger, Arizona.
En Tiger, recordaba haber
vivido sus peores tiempos, y no lo pensó mucho para trasladarse a la región de Tombstone
y Bisbee, en donde el auge minero de 1880 ejercía magnetismo sobre cualquier aventurero.
Contaba con 27 años de edad, y se instaló de inmediato como carnicero, comprador y
engordador de ganado.
Más tarde se asoció con Ed
Roberts, ganadero de California que heredado por su padre se vino a la región del Río
San Pedro a explotar diversos ranchos.
Con Ed Roberts, venía su
hermana. Ella, recién divorciada y cargando con sus dos hijos: Frank y Virginia, que
después adoptaría el Coronel Greene tras contraer matrimonio en la Iglesia Episcopal de
Tombstone en 1884.
Con el dinero de Ella, su
nuevo marido procedió a instalar un modesto rancho al que llamaron "OR",
iniciales del suegro que falleciera en California.
Todo marchaba bien hasta que
el alguacil Jim Burnett quien era vecino de Greene, empezó a disputarle derechos de agua,
y las diferencias se recrudecieron cuando el Coronel instaló un represo que evidentemente
afectaba los intereses del alguacil.
En junio 24 de 1897, Greene
había hecho un viaje a Nogales, Arizona, y cuando su hija adoptiva Virginia y su amiga
Katie Corcoran se bañaban plácidamente en el represo, de repente se escuchó una
explosión de carga de dinamita, y ambas jovencitas fallecieron.
Después de los
acontecimientos el Coronel mandó publicar en toda la prensa de Arizona un llamado sobre
una recompensa de mil dólares para quien aportara datos suficientes para identificar al
culpable del atentado.
Le costaba mucho trabajo
consignar a un elemento de la ley por el asesinato de su hija, y la oportunidad de una
venganza se presentó el primero de julio cuando ambos se encontraron en el interior del
famoso "OK. Corral", y en duelo el Coronel ultimó al representante de la ley y
vecino.
Después del enfrentamiento,
tuvo que sujetarse a un severo juicio, en donde depositó una fianza por la cantidad de
treinta mil dólares, y luego de muchas audiencias fue declarado libre de toda culpa.
ANTECEDENTES DE CANANEA
Mucha gente piensa que fue
el Coronel, el descubridor de Cananea, y lejos quedan de la verdad, ya que Cananea
existía desde los tiempos del Padre Kino, y el honorable Jesuita lo describe como un
recóndito asentamiento de los Pimas constantemente asediado por los temibles Apaches.
La riqueza minera de Cananea
y su explotación se remonta a la época de los españoles, cuando un teniente del
ejército cuyo nombre parece inteligible acabó vorazmente con cuanto oro y plata en la
superficie se encontraba. Después con los años, en 1765 el gobernador de La Tienda, hizo
todo lo posible por asentar ahí un "Real", pero los Apaches dieron al traste
con el proyecto. A principios del siglo XIX, un grupo de inversionistas de Chihuahua, cuya
firma mayor lo era Don Francisco Manuel Elguea se aventuró también fallidamente con el
proyecto, y no fue hasta 1820 cuando la empresa de don José Pérez de Arizpe, y sus
parientes los Arvayos del Rancho de Bacanuchi logró al fin poner en operación en firme
las mina de Cananea en las cuales, por cierto, no ofrecía ningún atractivo el
cobre.
Pero otra vez como oleada
apocalíptica, los Apaches acabaron con todo, y el Cananea moderno encuentra sus más
firmes antecedentes hasta 1865 cuando las familias Pérez y Arvayo, propietarias de los
nueve yacimientos que en aquel entonces se conocían en la región, fueron hasta el
general Ignacio Pesqueira a sazón gobernador de Sonora y le ofrecieron en venta todos sus
derechos.
El general Pesqueira vivía,
como así lo acostumbró durante los múltiples períodos que gobernó a nuestra Entidad,
en su rancho "La Delicias", enclavado en el ahora municipio de
Banámichi.
Se desconoce la cantidad
exacta que medió para que el general Pesqueira se convirtiera en el dueño de Cananea,
pero lo que sí registra la historia, es que de inmediato puso manos en la obra para
construir un fuerte en San Pedro con el fin de proteger sus inversiones de las incursiones
de los Apaches, llegando incluso a disponer para su custodia hasta de 500
soldados.
Una vez tomadas las
providencias en contra de los más acérrimos enemigos del progreso de aquel entonces, el
general Pesqueira le entró de lleno a la rehabilitación de los tiros de las minas, y se
puso en contacto con los fabricantes ingleses de maquinaria minera y así adquirió los
más avanzados portentos de la época en donde a base de vapor se acababa con la rudeza
del trabajo de las minas, que inclusive acababa hasta con las bestias, con más razón con
los hombres.
Se nos dice que dicha
maquinaria fue importada a través de Guaymas, tras que los vapores y veleros que la
conducían le dieron la vuelta al Cabo de Hornos, ruta y barcos que aprovechaba el general
Pesqueira para enviar hasta Europa el concentrado del mineral para su mejor
aprovechamiento, y desde Cananea hasta Guaymas se utilizaron recuas de mulas.
Por espacio de quince años,
el general Pesqueira explotó con todo éxito el mineral de Cananea, y después de su
muerte ocurrida el 4 de enero de 1884, aquello cayó en el abandono. Pero el camino había
quedado abierto, y así encontramos que George Kitt de Arizona, funda su mina "Que
Esperanzas", en el distrito de Puertecitos y otros con igual éxito comienzan a
convertir toda aquella región en un verdadero emporio minero.
Cuatro años después de la
muerte del general Pesqueira, su viuda Doña Elena realizó una operación de venta de
todos los predios mineros de Cananea que por cierto se llamaban: "Elenita" y
"Alfredeña", en honor de la misma esposa e hija del general, al abogado Hilario
Santiago Gabilondo añadiéndole a la acción mercantil, los derechos de la
"Juárez", y la "Que Esperanzas", que habían resultado abandonadas
por sus dueños norteamericanos y la mina "La Quintera" y tras adquirirlas el
Licenciado Gabilondo las agrupó bajo la designación de Compañía Minera de Cananea.
En aquellos tiempos ya casi
en las postrimerías del siglo pasado y a principios del actual, el gobierno del general
Porfirio Díaz venía otorgando una serie de facilidades para que los inversionistas
extranjeros realizaran todo tipo de inversiones en suelo mexicano, y así encontramos como
cientos de ranchos, huertas y minas de Sonora eran propiedad de vecinos de Arizona.
Para tales negocios el
desaparecido "Hotel Moctezuma", de Nogales, Arizona propiedad de Mamie Donahue
figuraba como una "sui generis" casa de bolsa y de corretaje, y el "Nogales
Border Gazette", y el "Oasis"; periódicos editados ahí, eran una especie
de "Wall Street Journal", que ponían al tanto de lo que acontecía en el mundo
de los negocios de Sonora, y aparte, la firma de banqueros y corredores de Nogales,
"P. Sandoval y Cía", ofrecían gratis sus servicios de consejeros de cualquier
pretendida operación mercantil.
Fue a través del rejuego de
Nogales como el Coronel adquirió un conocimiento sobre la existencia y operación de las
minas de Cananea, y como ya había amasado una fortuna con el negocio del ganado, era todo
un prospecto de inversor y no resultó nada difícil verse de repente envuelto en un grupo
de interesados por adquirir los derechos mineros de Cananea.
La resultante de esta
fusión de capitales se les llamó las tres C. "Cananea Copper Company" y su
formalización obra en los archivos del condado de Pima en Tucson. Aparte del Coronel
figuraban en calidad de socios conocidos sonorenses como, Don Tadeo Iruretagoyena de
Hermosillo y J.B. Storman que residía en Magdalena.
Para entonces el mundo
moderno había descubierto que junto con la electricidad el cobre tenía miles de usos y
que aquellas montañas llenas de ese mineral valían toda una fortuna, pero se requería
de cuantiosas fortunas para armar todo el enorme aparato que exige su obtención final y
fue así como entonces el Coronel dio muestras de su enorme ingenio financiero, y empezó
a mover sus contactos en los grandes distritos bursátiles de Chicago, Nueva York y San
Francisco, para obtener esas cuantiosas cifras, en operaciones que llegaron a observar la
fabulosa cifra de cinco millones de dólares en varias ocasiones.
El pináculo del Coronel lo
encontramos en el año de 1900 cuando organizó la "Cananea Consolidated Copper
Company, S.A.", que agrupaba a 24 minas de Sonora y cuyas oficinas principales
quedaron en el mero corazón de Nueva York.
MUERE SU PRIMERA ESPOSA
A raíz del proceso a que se
vio sometido Greene por la muerte del alguacil Burnett y aunado con la trágica pérdida
de su hija Virginia, su esposa Ella decayó en grave estado de salud, y cuando recibía
atención médica en el Hospital del Buen Samaritano de Los Angeles, falleció el 24 de
diciembre de 1899.
Ya entrado en su mejor
época, el Coronel decidió contraer segundas nupcias con Mary, hija adoptiva de Frank
Proctor, socio del Coronel en los negocios de ganado y que a la postre se convirtiera en
el administrador general de la "Cananea Cattle Company", organizada en 1901.
La segunda boda del Coronel
Greene se realizó en Tucson, Arizona el 18 de febrero de 1901, y de inmediato se
trasladaron a Nueva York en donde por espacio de varios años vivieron en una lujosa suite
del famoso "Waldorf Astoria" y ahí nacieron sus dos primeros de los seis hijos
que tuvieron, Mary y William.
Mientras que al frente
de las minas de Cananea, el Coronel Greene, dejaba a todo un equipo de verdaderos expertos
en los negocios, él proseguía su fastuoso tren de vida en el este de los Estados Unidos;
ya que para entonces, eran famosos sus caballos de carreras, los brindis a lo largo de
toda la unión americana, que ofrecía en sus carros privados de ferrocarril, y en fin, su
basta influencia política que ostentaba en ambos lados de la frontera.
Esas extravagancias le
valieron muchos ataques en la prensa pagados por los poseedores de las miles de acciones
de sus compañías y así vemos que a bordo del legendario "Mauritania", realiza
un viaje trasatlántico en busca de más socios para sus empresas en Londres y
París.
Uno de los primeros
resultados de tales operaciones ultramarinas, lo constituyen la creación de una mini-vía
de ferrocarriles propiedad de Greene, y la adquisición de un lote considerable de
gigantescos tractores de vapor para la movilización de las grandes cantidades de mineral
que procesaba en las cuatro "C".
A la par con esos
ataques, el Coronel dio comienzo una gran campaña de relaciones públicas, y así fue
como lo más granado del mundo financiero y político de aquel entonces, conocieron de
cerca Cananea y el auge en que vivía.
EMPIEZA EL DECLIVE
Pero repuesto de las
frecuentes campañas de desprestigio y tras convertirse en un empedernido viajero, ya sea
a la ciudad de México o hasta el lejano oriente. Greene se enfrenta en 1906 a la
insurrección de sus obreros que a la postre germinaría en nuestra famosa revolución, y
así vemos como en mayo de 1911 aconsejado por los porfiristas cambia de hecho su
residencia hasta Los Angeles, enviando por delante a su familia y quedándose sólo en la
casa grande que entonces parecía cuartel militar, por lo bien resguardada en contra de
los alzados de la revolución.
Así las cosas, llega
la mañana del lunes 31 de julio de 1911 y conforme a su costumbre, el Coronel aborda su
"buggy" tirado por dos briosos corceles café de los cuales uno de ellos era la
primera vez que lo enganchaban y se dirige al Hotel Alejandría a rasurarse con el barbero
que ahí tenía su establecimiento.
En el viaje de ida, el
caballo primerizo se comporta de manera extraña pero eso no parece preocuparle al
Coronel, pero, de vuelta se encabrita y el conductor empieza a perder el control, y de
repente un cable de teléfono lo hace caer y pegar con toda su humanidad contra una cerca
de madera de una casa localizada frente a la Iglesia Católica.
Un carruaje de paso,
recoge a Greene y lo traslada a su residencia, en donde el médico dictamina que tiene
fractura en la base del cráneo, hombros dislocados y varias costillas rotas. Días
después se complica con una neumonía y desde El Paso, Texas se deja venir todo un tren
sanitario con un moderno "pulmón artificial", pero llega minutos tarde,
expirando el paciente a las cinco de la mañana del cinco de agosto.
Sobre sus funerales,
aún pasados las siete décadas perduran como los más impresionantes de todos los
tiempos, y tras las honras religiosas en su propio domicilio, el féretro es subido a su
carro particular de ferrocarril - El Verde - y es llevado hasta Los Angeles, California.
Cientos de vaqueros en negros caballos y miles de personalidades venidos de todos lugares
hacen valla y le rinden los más altos honores.
Pasados los años,
Charlie Wiswall administrador general de los negocios del Coronel, y considerado como un
hombre de "gran corazón" por quienes lo trataron, se casa en 1918 con la viuda
Mary y el matrimonio se realiza en base a un contrato en el que Wiswall no tendrá acceso
a los bienes de la herencia y será considerado de por vida como un trabajador del emporio
Greene.
Wiswall, muere en
1953, Mary en 1955, y se determina traer los restos del Coronel y colocar a los tres en el
corazón del actual cementerio de Cananea.
(mayo/1983)